
Tamarindus indica
En CDMX NO prospera como árbol de jardín: es de tierra caliente y la helada lo daña cada invierno; nunca fructifica aquí. Su uso viable en el altiplano es en maceta, como prebonsái resguardado. La pulpa es laxante en cantidad.
Tropical seco, y aquí está el problema de fondo en el Valle de México: el tamarindo necesita clima cálido sin heladas. Tolera hasta 3-5°C con daño; a 0°C se quema y una helada prolongada mata al ejemplar joven. En CDMX a 2,240 m NO prospera como árbol de sombra ni llega a producir fruta. Su uso viable aquí es en maceta, como bonsái o prebonsái resguardado en invierno.
Mantener la temperatura dentro de esta banda es lo que la hace prosperar.
Sol pleno
Seco
Porte arborea de 2000 × 1500 cm. Crecimiento leñosa lenta; exterior sol directo.
Sol pleno todo el día. No admite sombra.
Semanal los dos primeros años; después cada 20-30 días. En maceta, cada 3-5 días en calor.
Ambiente seco. Muy resistente a la sequía por su raíz pivotante.
De 5 a 42°C. En CDMX NO prospera a la intemperie: la helada de diciembre-enero lo daña o lo mata.
Suelo profundo y drenado; tolera pobreza, sal y cal.
En árbol, poda de formación los primeros años y luego solo sanidad; la madera es densa y cicatriza lento. En PREBONSÁI, que es su uso viable en CDMX: defoliado parcial en primavera para reducir el tamaño del folíolo, pinzado de brotes nuevos, alambrado sobre madera joven —la vieja se quiebra— y poda de raíz cada 2-3 años al trasplantar.
Composta en marzo. Como leguminosa fija su propio nitrógeno y necesita poco.
Composta al pie en marzo. En maceta o bonsái, abono orgánico sólido de liberación lenta cada 6-8 semanas de abril a septiembre.
NOTA OPERATIVA — EN CDMX ES BONSÁI, NO ÁRBOL DE JARDÍN. Hay que ser claro al vender: el tamarindo es un árbol de tierra caliente. En Guerrero, Colima, Michoacán o Veracruz da sombra magnífica y cosecha abundante; en el Valle de México, a 2,240 m y con heladas de diciembre-enero, un ejemplar plantado en suelo se quema cada invierno, nunca alcanza porte y jamás fructifica. Vender un tamarindo como árbol frutal de jardín en CDMX es venderle al cliente una decepción de tres años. Su uso legítimo aquí es el que le da el formato de prebonsái: en maceta, resguardado del frío en invierno —dentro de casa junto a ventana muy luminosa, o en invernadero frío—, donde su follaje pinnado de folíolos diminutos que se pliegan al anochecer lo vuelve uno de los mejores materiales tropicales para bonsái de interior. Dos notas de manejo del bonsái: la madera vieja es dura y quebradiza, así que el alambrado va sobre brotes jóvenes, y responde muy bien al defoliado parcial para reducir la hoja. La pulpa del fruto no es tóxica —es alimento— pero es fuertemente laxante en cantidad, dato útil si hay niños y el árbol llega a producir. La semilla es dura y puede atragantar.
Por semilla, que germina con facilidad: se lija ligeramente o se remoja 24 horas en agua tibia y nace en 1-3 semanas a 25-30°C. Es como se producen los prebonsáis, y las plántulas son vigorosas. En producción frutal comercial se INJERTA sobre patrón de semilla para conservar variedad y adelantar la cosecha de 8-10 años a 3-4. También por acodo aéreo.
Poco exigente y tolerante a suelo pobre, pedregoso, salino y calcáreo, así como al agua dura de la red. Su raíz pivotante quiere profundidad; en maceta de bonsái se compensa con poda de raíz cada 2-3 años.