
Prunus avium
Mal candidato para CDMX como frutal: pide 800-1,200 horas de frío y la lluvia de junio raja el fruto. Como ornamental de flor sí funciona.
Templado frío con invierno marcado. Requiere entre 800 y 1,200 horas de frío por debajo de 7°C, el requerimiento más alto de todos los frutales del catálogo. El Valle de México, con inviernos de heladas nocturnas pero días soleados y templados, no acumula esas horas más que en las partes más altas y frías, así que la brotación aquí suele ser irregular y la producción, escasa.
Mantener la temperatura dentro de esta banda es lo que la hace prosperar.
Sol pleno
Mesico
Porte arborea de 1500 × 800 cm. Crecimiento leñosa lenta; exterior sol directo.
Sol pleno, seis a ocho horas. El más exigente en luz del catálogo.
Regular y sin altibajos, cada 6-8 días. Evitar riegos abundantes tras periodos secos durante la maduración: el fruto se raja.
Humedad moderada y constante. La irregularidad, más que la cantidad, es lo que arruina la cosecha.
De -25 a 32°C. Requiere 800-1,200 horas de frío, que el Valle de México no acumula de forma confiable.
Suelo profundo, aireado y muy drenado. Es el Prunus menos tolerante al suelo pesado.
Poda mínima y siempre DESPUÉS de la cosecha o a fines de verano, nunca en invierno húmedo: el cerezo es el frutal que peor cicatriza y las heridas invernales derivan en gomosis y cancro. Formar en vaso o eje central los primeros años y después limitarse a aclarar el centro y retirar ramas secas. Evitar cortes de más de 3 cm de diámetro. Herramienta desinfectada siempre.
Poco: composta en invierno y abono equilibrado moderado a la brotación. No abusar del nitrógeno.
Composta madura al pie en invierno más un abono equilibrado tipo 10-10-10 a la brotación, en dosis moderada y repartido en la zona de goteo.
ADVERTENCIA OPERATIVA — ES UN MAL CANDIDATO PARA LA CIUDAD DE MÉXICO y conviene decirlo antes de vender. Necesita entre 800 y 1,200 horas de frío invernal, que aquí no se acumulan salvo en las zonas más altas y frías del sur; sin ese frío la brotación es despareja, la floración escasa y la cosecha, testimonial. Encima, las lluvias del Valle empiezan en junio, justo cuando maduraría el fruto, y el cerezo se raja con la lluvia sobre la fruta madura. Y la mayoría de las variedades son AUTOINCOMPATIBLES, así que además hace falta una segunda variedad compatible. Quien quiera un frutal de hueso que sí produzca en CDMX debe irse al ciruelo japonés, al durazno o al capulín nativo, que es un Prunus mexicano perfectamente adaptado a esta altitud. Dicho eso, como árbol ORNAMENTAL el cerezo funciona bien aquí: florece, da sombra y su corteza brillante es hermosa. Vendido con esa expectativa —flor y no fruta— es una compra honesta.
Por INJERTO de la variedad sobre patrón de cerezo franco, Santa Lucía o patrones enanizantes tipo Gisela, que reducen mucho el tamaño final y adelantan la producción, algo muy conveniente en un árbol que de otro modo alcanza 20 m. La semilla no reproduce la variedad y requiere estratificación en frío prolongada; solo sirve para producir patrones.
Exige suelo profundo, fértil, aireado y con drenaje excelente. Es especialmente sensible a la asfixia radicular y a la gomosis por encharcamiento: un cerezo en suelo arcilloso mal drenado muere en pocos años. Prefiere pH neutro; en suelo alcalino con agua dura se clorosa con facilidad.